A lo largo de su vida, el talentoso Auguste Rodin reunió una importante colección de antigüedades, compuesta por estatuillas, bustos, vasijas y fragmentos procedentes de los mundos griego, romano y egipcio.
En el apogeo de su fama, y ​​gracias a encargos públicos y privados, adquirió más de seis mil!!! obras a anticuarios parisinos… no las eligió por su valor arqueológico ni por un ideal de belleza, sino por la fuerza expresiva que percibía en ellas.
A partir de la década de 1890, este gran artista volvió su mirada hacia la Antigüedad, considerándola una fuente esencial de creación… ya no se trataba de copiar los modelos antiguos, sino de inspirarse en ellos para observar mejor la naturaleza y comprender la vitalidad de las formas, en la estela de los maestros griegos y romanos.
En aquel año 1916, su colección formó parte de la donación al Estado que dio origen al Museo Rodin.
En la actualidad, ciento veintitrés antigüedades de dicha colección, cabezas, torsos, manos o pies, dan un claro testimonio de esta relación constante entre la creación moderna y el legado antiguo.
Para colmar los sentidos, en la sala diecisiete, con «Rodin y la Antigüedad»… mucho arte!!!.