Ariel Ramírez fue un prolífico compositor argentino, autor de obras extraordinarias entre las que se destaca la Misa Criolla. Sin embargo, pocos conocen la conmovedora historia que inspiró esta pieza musical.

En 1950, Ramírez se alojó en un convento en Würzburg, Alemania. Allí entabló una amistad con dos hermanas, Elisabeth y Regina Brückner, quienes trabajaban en la cocina, un lugar que el maestro frecuentaba. Como ellas hablaban portugués, idioma que por su similitud con el español le resultaba mucho más accesible que el alemán, la comunicación fluyó de inmediato.

Con el paso de los días, nació una profunda amistad y confianza. Finalmente, las hermanas le revelaron un secreto: en una casona ubicada frente al convento —que podía verse desde la ventana de la cocina— había funcionado años atrás un campo de concentración nazi donde asesinaban a hombres, mujeres y niños judíos.

Conmovidas por el estado de extrema desnutrición de los prisioneros, Elisabeth y Regina decidieron ayudarlos, aun sabiendo que arriesgaban sus vidas. Cada día reducían las porciones de comida del convento sin que nadie lo notara, muchas veces ellas no comiam y guardaban los alimentos en una bolsa de tela. Por las noches, se acercaban al alambrado que rodeaba la casona y enterraban la bolsa en un punto donde habían observado que los prisioneros solían reunirse. A la noche siguiente, la encontraban vacía.

Mantuvieron esta valiente rutina durante un año y medio. Nunca supieron los nombres de las personas a las que ayudaron; simplemente sabían que debían hacerlo. Comprendían perfectamente el peligro que corrían, ya que para el régimen nazi asistir a un judío se castigaba con la humillación pública, la prisión, el envío a campos de concentración o la muerte. Sin embargo, como ellas mismas le dijeron a Ramírez: «Eso no pasó, gracias a Dios».

El músico argentino fue la primera persona a quien las hermanas le confiaron esta historia. Con los años, aquel acto de amor y resistencia se transformó en el motor creativo para componer la Misa Criolla, una obra religiosa concebida para honrar la vida y la dignidad humana.

En 1963, cuando el Vaticano autorizó la celebración de la misa en lenguas vernáculas —en español en lugar de latín— y de frente a los fieles, Ramírez sintió que había llegado el momento de materializar su idea. Para lograrlo, contó con un equipo fundamental:

  • Antonio Osvaldo Catena. El sacerdote aportó la traducción y adaptación de los textos litúrgicos.
  • Alejandro Mayol. El sacerdote y músico acercó los bocetos iniciales con ritmos folclóricos y esquemas de la misa.
  • Jesús Gabriel Segade. El presbítero colaboró en los arreglos corales.

Cada movimiento de la obra fue adaptado a ritmos tradicionales de Argentina y Latinoamérica, siguiendo el orden litúrgico:

  • Kyrie. Vidala-baguala (del norte argentino).
  • Gloria. Carnavalito y yaraví.
  • Credo. Chacarera trunca (del centro de Argentina).
  • Sanctus. Carnaval cochabambino (de Bolivia).
  • Agnus Dei. Estilo pampeano.

La obra fue grabada en 1964 bajo la dirección del propio Ariel Ramírez. Contó con la participación del conjunto folclórico Los Fronterizos, la Cantoría de la Basílica del Socorro (dirigida por el padre Segade), Jaime Torres en charango, Domingo Cura en percusión y Raúl Barboza en acordeón.

Según el Ministerio de Cultura de Argentina, la Misa Criolla fue editada en más de 40 países y superó los 3 millones de copias vendidas. Por su parte, medios como Clarín y Ámbito han citado cifras mucho mayores —entre 30 y 60 millones de discos— al sumar las ediciones internacionales, reediciones y versiones grabadas por artistas de la talla de Mercedes Sosa, José Carreras y Zamba Quipildor.

Ariel Ramírez tuvo una vida apasionante y llena de vivencias que supo plasmar en su música. Fue un ser humano excepcional, dotado de un talento único y una profunda sensibilidad artística para crear obras de inmensa belleza.

Fuentes Wikipedia; argentina.gob.ar; revista Folclore; Clarin; La Phill; Los 600 discos de Latinoamérica; Luna Tukma.