Hey Jude», la balada de Paul McCartney que ha sido tarareada millones de veces y es considerada todo un símbolo de la «beatlemanía», cumple este agosto medio siglo como una de las mejores canciones de todos los tiempos.

Lanzada el 26 de agosto (1968) en Estados Unidos y cuatro días después en el Reino Unido, la historia de esta canción de McCartney está íntimamente ligada a la vida personal de John Lennon.

Justamente cuando a principios de este año, Paul McCartney tocó en Buenos Aires hubo una escena que sigue emocionando cada vez que se revén los videos que la registraron. Para finalizar el set, antes de los bises, y con la multitud enardecida, Paul comenzó a interpretar «Hey Jude».

Pero lo extraordinario de la situación no fue lo que pasó con los asistentes al recital, eso era de prever. Fuera del Campo de Polo, lugar del concierto, los autos que pasaban por la ancha avenida Del Libertador se detuvieron al escuchar los primeros acordes de la canción. La gente bajó de los autos y se puso a cantar.

En una ciudad que vive corriendo a toda hora, nadie tocó bocina, nadie protestó por el tránsito detenido. Todos cantaron, felices y conmovidos, mientras acompañaban con palmas, ese «na na na nana nana, nana nana» inconfundible.

Paul compuso la parte principal de Hey Jude mientras manejaba su Astor Martin, un auto como vemos apto para agentes secretos y para crear obras maestras. Iba a visitar a Cynthia Lennon y al pequeño Julian, el hijo de 5 años.

John y Cynthia acababan de divorciarse y Paul pensó que llevarle una melodía a ese pequeño podría aliviar su dolor. Muchos años después Cynthia dijo que para ella la visita de Paul había sido muy importante, que se sentía muy sola. Paul contó que «la separación de ellos me había dejado particularmente desolado. Pensé esa melodía para confortar a Julian. Era un mensaje esperanzador para ese chico». Julian ya de grande y después de haber gozado de un fugaz éxito en el pop de los ochenta comentó: «Es muy emocionante saber que escribió esa canción mítica porque se preocupaba por mi mamá y por mí».

Originalmente la canción decía (en homenaje a Julian) «Hey Jules». Pero a McCartney no le gustaba cómo sonaba, con esa ese final. Lo cambió por Jude -posiblemente por el personaje interpretado por Rod Steiger en la película Oklahoma. Y así se perpetuó.

Cuando Paul, sentado al piano, les mostró el tema a los demás, expresó sus dudas respecto a una línea de la letra. Dijo que ese verso lo iba a reescribir: «The movement you need is on your shoulder». Le parecía que esa frase no tenía ningún sentido. John lo conminó a dejarla. «No se te ocurra sacar esa línea. Es genial. La mejor de la canción». Y así quedó en la versión definitiva.

La interpretación vocal de McCartney es ejemplar. Muestra su habitual calidez y agilidad. Paul es versátil y melódico. Brilla tanto en la parte de la balada como en los gritos y alaridos, en el pico emotivo y enérgico de la segunda parte.

Cuando comenzaron a tocar en la toma que quedó como definitiva, McCartney no se dio cuenta que Ringo había pasado por detrás de él para ir al baño. Mientras tocaba el piano y cantaba las primeras estrofas, vio a Ringo regresar apurado hacia su batería, en puntas de pie, sin hacer ruido, pero con velocidad, para llegar a su lugar en el momento exacto en que le correspondía entrar. «La batería entra tarde en esa canción, su parte recién está como al minuto de iniciada. De pronto lo veo pasar a Ringo, apurado, por detrás. Y en el momento exacto en que le toca entrar escucho: ‘Boom, boom, boom’. Perfecto. El timing fue absolutamente impecable. Cuando pasan estas cosas, uno piensa que esa debe ser la toma definitiva. Lo que sucedió fue magia pura» narró Paul en sus memorias.

También contaron con una orquesta de 36 músicos clásicos.

Los Beatles grabaron un video para lanzar Hey Jude. Fraguaron una presentación en el show de David Frost (el de Frost- Nixon). Después de la presentación del anfitrión, ellos tocan la cortina del programa compuesta por George Martin, su productor.

Una broma interna. Luego un primer plano de Paul al piano. Sus ojos claros y un saco de pana bordó (Ringo lleva un inconcebible traje verde agua). La música está grabada, las voces no son en playback. A los cuatro se los ve algo aburridos, hastiados. Cada uno hace lo suyo con corrección.

Sin embargo a mitad del tema, alguien deja a la gente acercarse a los músicos. Por más que fuera una puesta en escena, por más que ese movimiento del público rodeándolos haya sido premeditado, en ese momento todo cobra vida. Una inusual y festiva vitalidad.

Es un momento (en realidad son cuatro minutos) de perfecta alegría. Donde se olvidan los problemas, los resquemores, las tensiones y sólo disfrutan. Hey Jude es un tributo a su amistad. En el peor momento, cuando la fractura es inminente, ahí están ellos, juntos, disfrutando pese a todo.

Con siete minutos y once segundos de duración, «Hey Jude» fue primer sencillo del sello discográfico de la formación, Apple Records. Su longitud no impidió que la balada entrara en el Top 10 de las listas británicas y estadounidenses de sencillos.

Una curiosidad: a pesar de su éxito, algunas emisoras de radio estadounidenses se negaron a reproducir una canción que durara más de tres minutos y medio, por lo que la compañía estadounidense Capitol Records realizó una versión más corta pensada para radio.
Mientras la vuelvo a disfrutar escuchándola, no puedo dejar de pensar en algunas preciosas partes de su letra…»toma una canción triste y mejórala. Recuerda dejar que se meta bajo tu piel, así empezarás a hacerla mejor» o «Cada vez que sientas dolor, Jude, recuerda, no cargues el mundo sobre tus hombros. Porque bien sabes que es de locos hacer como si nada nos importase, convirtiendo su mundo en un lugar más frío». Estas palabras encierran una gran lección… gracias Sir Paul por tanto arte!!!
Del muro de Miguel Omar Martin