Muchas de las decisiones cotidianas y trascendentales que tomamos a diario están más manejadas por el contexto y por las emociones de lo que creemos. Los mecanismos que subyacen a la toma de decisiones y el modo en que los sesgos cognitivos condicionan la libertad que se asume al elegir.
En esta temática para destacar los aportes del Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman y del neurocientífico Antonio Damasio, quienes demostraron, con evidencia científica, que la lógica racional no gobierna la mayoría de las decisiones, como solía creerse, y que tendencias automáticas, emociones y el entorno pesan mucho más que lo que la cultura popular atribuye.
La neuropsicologa Lucía Crivelli planteó que la denominada teoría cartesiana de la razón —que ubicaba el control de los pensamientos y acciones en la lógica fría— está siendo desplazada por la evidencia que reconocen emociones y contexto como fuerzas decisivas.
En ese sentido, Crivelli mencionó la “teoría de las perspectivas”, introducida por Kahneman en el año 2002, por la que fue galardonado con el Nobel. Explicó que este enfoque revolucionó la comprensión sobre la toma de decisiones porque revela que existen al menos dos sistemas que operan en paralelo: “El sistema uno es el sistema impulsivo, que se guía por memorias, por decisiones que ya tomamos, actúa automáticamente y sin nuestra voluntad. El sistema dos está asociado a las decisiones racionales, exige deliberación y esfuerzo”.
