“Miro hacia atrás, hacia los años, lejos,
y se me ahonda tanta perspectiva
que del confín apenas sigue viva
la vaga imagen sobre mis espejos.
Aun vuelan, sin embargo, los vencejos
en torno de unas torres, y allá arriba
persiste mi niñez contemplativa.
Ya son buen vino mis viñedos viejos.
Fortuna adversa o próspera no auguro.
Por ahora me ahínco en mi presente,
y aunque sé lo que sé, mi afán no taso.
Ante los ojos, mientras, el futuro
se me adelgaza delicadamente,
más difícil, más frágil, más escaso”.
Qué maravilla la pluma del poeta Jorge Guillén, para aceptar el presente, con “Del Transcurso”.
Nacido en Valladolid en 1893, de joven se licenció en Filosofía y Letras y estuvo viajando por Europa. Fue por entonces cuando comenzó a escribir una obra que se reeditaría varias veces a medida que iba añadiendo poemas: Cántico.
También publicó las primeras poesías que lo dieron a conocer en algunas revistas literarias.
Trabajó como lector de español en La Sorbona, estuvo preso durante la Guerra Civil tras la que se exilió para establecerse en Estados Unidos como profesor en varias universidades, Harvard entre ellas.
Guillén perteneció a la Generación del 27 y ganó varios premios, entre ellos el Cervantes, que recibió en 1976.

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