La mitocondria se ha tratado convencionalmente como uno más de los orgánulos que distinguen a la célula eucariota de bacterias y arqueas, concretamente especializado en el trasvase de la energía química contenida en los alimentos, a través de una cadena respiratoria que tiene al oxígeno como aceptor electrónico final, hasta el ATP, la “moneda de cambio energético” universal, el combustible que finalmente aporta la energía necesaria para cualquier proceso biológico en la inmensa mayoría de los organismos sobre la Tierra (las excepciones son contadísimas, y tienen valor confirmatorio de la regla).

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